Visitamos la zona arrasada por el incendio del Tietar

Hace ya casi nueve meses de la catástrofe que arrasó con más de 4.000 hectáreas del Valle del Tietar.

La pasada semana, aprovechando las vacaciones, no dejamos escapar la ocasión y acercarnos al Puerto del Pico para ver cómo evolucionaba la zona, aunque sigue siendo demasiado pronto para comprobarlo.

Desde la carretera, en los primero kilómetros, llegando a la Villa de Mombeltrán y, especialmente en la salida de este pueblo y en Cuevas del Valle, la panorámica no deja lugar a dudas de que estos dos municipios abulenses están totalmente arrasados en la parte que dejamos a la izquierda de la N-502.

Más aun, se puede comprobar las dimensiones del incendio, si tomamos la carretera que nos lleva hacia El Arenal, tomando el cruce desde el mismo puerto. Desde el mirador que hay próximo a la entrada,  así como las sucesivas curvas abiertas que dejan ver La Parra y parte de monte arenense, donde la vista se pierde en cerros calcinados.

Llegamos a la mitad del camino, en plena Reserva Natural de Gredos, la zona de caza que tendrá que esperar para volver a recuperar su flora y su fauna.

El hecho de estar talada gran parte de esta zona, hace más llevadero el camino, que en zonas donde los pinos ennegrecidos siguen aguantando en pie. De igual manera, desde la distancia, las talas dejarán una triste imagen llena de calvas hasta que los nuevos árboles comiencen a brotar, largo camino este.

Llegamos a la zona del Collado de La Centenera, donde el fuego murió en una larga madrugada de comienzos de agosto. Allí recordé aquella noche de trabajo deteniéndome en cada lugar, como si no hubiesen pasado los días más que por el triste aspecto del monte. El silencio, cantidades de troncos dispuestos para ser arrastrados hasta el camino, y todo lo que desde allí se ve y por suerte no se quemó.

Un cúmulo extraño de sensaciones me hacían recordar esa noche, donde el incendio nos mostró su peor cara (como relataba en el artículo del incendio), haciendo remolimos mezclado con el viento, avanzando sin control y virando a placer de los cambios de corrientes.

Lo recuerdo como si fuera ayer, quería volver y recordar, pasear y encontrarme con todo aquello.

Mi pesar son todas esas imágenes imborrables, qué no habrán visto los trabajadores que cuentan con más de diez años en los incendios, desde luego, cualquier cosa que se pueda imaginar, se quedará corta.

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