Un día trágico para la comarca del Tietar

Martes, 28 de julio de 2009:

-Un día trágico para la comarca del Tietar. 100_4721

Esta no es la noticia ni lo que todos hemos leído, esta es una vivencia personal, desde dentro, donde calentaban las llamas.

Desde el pueblo una inmensa nube de humo teñía la tarde, que nos llamaran era cuestión de tiempo.

Y así fue, poco después sonaba el teléfono dándome tiempo para coger lo imprescindible y enfundarme el mono de trabajo del que no iba a desprenderme a lo largo de la semana.

Una vez reunida la cuadrilla, pusimos rumbo a Las Cinco Villas, a lo largo del corto trayecto la columna de humo se apoderaba en su totalidad de la sierra de Gredos, desde Ramacastañas las gigantescas columnas de humo hacían preveer la virulencia de un incendio totalmente descontrolado.

Al desviarnos en la Carretera del Puerto del Pico poníamos rumbo al incendio, en numerosos tramos de la carretera el fuego había llegado al asfalto, los pueblos de Mombeltrán y Cuevas del Valle estaban prácticamente envueltos en llamas.

Caía la noche y los medios aéreos se tenían que retirar, dando paso al trabajo humano, llegaban efectivos de otras provincias y trabajamos codo a codo con compañeros de estas. Un constante hacer que quedaba mermado por la fuerza del viento.

A media noche el fuego, que había sido provocado en la zona del Santuario de San Pedro de Alcántara, en el municipio de Arenas de San Pedro, había calcinado ya, la zona arenense, El Arenal, cruzado La Parra, subiendo hasta Mombeltrán, arrasando Cuevas del Valle y Coronado el Puerto del Pico por la solana, en esa misma noche, las llamas avanzaron hacia los vecinos municipios de San Martín del Pimpollar y Navarredonda (sus términos municipales), en plena Reserva Natural de Gredos.

El primer día de incendio pasaba, la noche mermaba las llamas y pudimos atacar el fuego más directamente.

Al amanecer, desde la emisora se ponía al corriente del trágico suceso que costaba la vida a la segunda víctima de este devastador incendio.

La segunda noche, de nuevo las llamas tomaban la Sierra de Gredos, dos focos perfectamente visibles desde la distancia, uno en el Puerto y otro en la sierra de El Arenal, quizás uno de los frentes más violentos y de mayores dimensiones de todo el incendio, que avanzaba sin control alguno, entre remolinos de viento y cambios peligrosos y constantes de las corrientes de aire.

Esta noche el fuego nos iba a enseñar su lado más traicionero y veloz, abandonamos ese frente, devastador pasando a otra zona desde la que teníamos mayores posibilidades.

De nuevo se acercaba en medio de la madrugada el tercer día de incendio y la noche había actuado muy a nuestro favor y los focos avanzaban pausados, preparados para el trabajo de helicópteros e hidroaviones.

Tras dos noches de intenso trabajo, el fuego parecía darnos una tregua y fue en el tercer día donde se consiguió que el avance fuera controlado a expensas de las zonas quemadas y las altas posibilidades de reproducción. Con la herramienta en la mano, cogiendo un poco de aire pudimos contemplar el magnífico trabajo del despliegue aéreo en el incendio.

El tercer día, dedicado ya a la vigilancia y control de posibles reproducciones, en la zona de La Parra y el Santuario de San Pedro, con un perímetro de varios kilómetros que recorrimos con un desolador paisaje, completamente arrasado, por más que andamos, no encontramos más que soledad, troncos humeantes y tristeza.

Una reproducción en este tercer día (cuarto de incendio) quedaba controlado rápidamente y todo el trabajo desarrollado en estas jornadas se destinaba a la vigilancia activa de zonas quemadas y líneas de defensa.

El cuarto día, llegamos hasta la cumbre del Puerto del Pico, desde el mirador era imposible quedar indiferente ante el rastro que había dejado el fuego a su paso, muchos curiosos y veraneantes, se paraban para admirar el paisaje y encontraban incrédulos la ladera ennegrecida, la calzada romana que dejaba su protagonismo al humeante paisaje.

La cuarta y última noche que pasamos en el incendio iba a ser la de un amanecer tranquilo, sereno y pudiendo evaluar de primera mano la catástrofe, el camino de vuelta fue el más triste y silencioso, con la ausencia de humo se apreciaba por primera vez la dimensión de incendio.

Atrás quedaban las carreras, los gritos, la impotencia, la rabia. Repoblaciones jóvenes arrasadas, pinares centenarios, una herida de muerte en mitad de la Ávila más viva.

Una experiencia que cuesta sacar de la cabeza, las gigantescas llamas, el fuego descontrolado, la interacción del viento, el sonido de los helicópteros sobrevolando, el ruido de las llamas.

El trato por parte de los vecinos inmejorable, no ha faltado nunca comida para los que hemos trabajado, tampoco comprensión por el esfuerzo constante y esa empatía que acerca el sentimiento de quien ama el monte y aquel que ve perder su tierra por las llamas.

Este incendio quedará en la retina de todos nosotros, a lo largo de los años será recordado por la virulencia de las llamas, la dimensión de la catástrofe y, lo que aun está por venir, la erosión del suelo, la potabilidad del agua, el paisaje arrasado y seco, el impacto visual, turístico y la lenta recuperación del terreno.

Por último, enviar mi más sentido pésame a los familiares y amigos de las víctimas mortales de este incendio.

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