Triste Parque del Oeste

Esta historia fue escrita el año pasado en relación con los acontecimientos, tristemente ocurridos en el Parque del Oeste (Madrid), donde un grupo de indígenas, apodados “pandilleros de asociaciones culturales” violó salvajemente a varias jóvenes que decidieron pasar por, hasta entonces, este tranquilo parque con sus parejas. Entre las divinidades de estas bestias desbocadas se encuentra la de utilizar a modo de colchón al novio a la par que violaban a la chica.

Jóvenes entregados al amor que vivieron aquella noche la peor pesadilla, la locura, la incivilización y la negligencia de una política servil al mundialismo. Vidas truncadas, sueños rotos por cobardes, traidores y misógino hijos de mala madre que en mala hora los dio vida.

El relato salió de la pluma de un apreciado amigo, palabras sinceras y conmovedoras que recuerdan a las víctimas de la indiferencia. Gracias por colaborar con Territorio Mijares.

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-TRISTE PARQUE DEL OESTE-

Todavía tenía más de una hora para coger el autobus en la noche de ayer, y decidí gastarla paseando. Cercano a Moncloa linda el Parque Oeste, donde en otros tiempos, hubo tantas risas y celebraciones con amigos. Ahora es un desierto.
Ayer entré en ese parque más de lo que lo había hecho nunca y me encontré en el más vivo bosque de Madrid que está ya muerto. Preciosas fuentes y canales, preciosos cedros y pinos bordeaban los caminos, y sus sombras, proyectadas por la Luna, tétricas y hermosas a la vez se extendían varios metros, como colmillos amenazantes. La gravilla sonaba bajo mis pies y la hierba se aplastaba bajo ellos. Por todas partes, no obtuve más que paz y silencio. En otra ocasión me hubiese resultado agradable esa tranquilidad, esa paz hallada en tan bella naturaleza, pero ayer no, ayer fue una noche. La soledad, la Luna, el espectral paisaje de susurrantes coníferas, los tortuosos caminos, las pequeñas cascadas de agua y su fantasmagórico sonido. Y allí, en mitad de aquel parque, en su corazón, me detuve unos minutos mirando la estatua de un glorioso soldado español, cuya placa no pude leer, y guarde silencio por aquellas que les fue arrabetada la felicidad allí. Imaginé esas parejas solas, en aquel paraje tan bello para quien ame la naturaleza y la quietud de la noche, y tan tétrico y lleno de soledad para quien se ve rodeado de nueve sombras en mitad de la noche y un filo otorga luz y muerte. Imagino el miedo y la indecisión. Imagino el dolor y la desesperación. Imagino sombras.

Y yo os maldigo sombras, para que seáis sombras toda la vida, y nada más. Por todo lo que hicistéis, por todo el daño que creastéis, por todo el odio que desatastéis y por esas vidas que habéis hecho pedazos. Espero que un día, paguéis por lo que hicistéis.

Parque Oeste seguirá recordando vuestros actos mientras dure su silencio y no vuelvan las risas. España entera os odiará hasta que no seáis castigados.
¡Cuidado sombras! ¡Miles de árboles y almas os vigilan!

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