Situado a una altura de 856 metros, presenta diferentes niveles en todo su término municipal, que comprende 46,32 Km², debido a que está enclavado en una abrupta zona serrana. Su cara sur se encuentra orientada al Valle del Tiétar, comarca a donde pertenece, y a los montes de Toledo, y flanqueado por los picos de “La Centenera” y del “Cabezo”, contando, además, con un paso natural, el puerto de Mijares, con una altitud de 1.570 metros.
Está emplazado en la parte alta de la sierra, cuenta con hermosos y frondosos pinares y corren por su garganta “de las Torres” las aguas cristalinas de la sierra, de ahí las numerosas fuentes que se encuentran al andar por sus caminos y veredas.
La referencia histórica más antigua y la primera que encontramos de Mijares es la del Libro de las Monterías, escrito por Alfonso XI entre los años 1342 y 1350, en el que se hace referencia a los parajes de este pueblo: «La Pinosa de las torres et los Gavilanes et la Centenera et Encinar de Velasco Chico; es todo un monte; et es bueno en osos en ivierno et verano.»
Más conocidos son los hechos acaecidos en Mijares del año 1432, época en la que el Rey de Castilla, Juan II, nombra Condestable de Castilla a D. Álvaro de Luna y le entrega en recompensa los «alijares de la llamada Trasierra abulense», que comprendían los terrenos al sur de la Sierra de Gredos, dentro de los cuales se encontraba Mijares. Ya en aquella época tenemos referencia de que este lugar se conocía por su nombre actual en documentos donde se refleja que el procurador del Condestable D. Álvaro acudió a los lugares del valle para tomar posesión de los llamados alijares «…e llegó a un lugar que dizen los Mijares donde fizo ajustar y personarse ante él a …».
Pero, sin lugar a dudas, el dato histórico de Mijares más importante es el título de Villazgo, cuya documentación al respecto proviene del Archivo de la Casa Ducal de Albuquerque.
El pueblo de Mijares estaba supeditado, desde su creación, a la Villa de Mombeltran, al igual que todas las aldeas de alrededor. Se regían por las llamadas “Ordenanzas del Estado de Mombeltrán”, que trataban de regular la vida cotidiana de la tierra de Mombeltrán y principalmente la relación de las aldeas con la villa cabecera.
Fue en al año 1679 en el que Mijares aduce varias causas por las que pretende desvincularse del Estado de Mombeltrán y constituirse como villa.
Algunas de esas causas eran: la distancia que existía entre ella y la Villa cabecera y lo abrupto del terreno, desprecio y ofensas de la justicia de Mombeltrán a los alcaldes de Mijares, envenenamiento de las gargantas de Mijares por parte de Mombeltrán, detención de la vendimia más allá de lo estipulado…
El consentimiento fue ofertado por D. Melchor Fernández de la Cueva, Duque de Albuquerque, Conde de Ledesma y Huelma, Marqués de Cuéllar, el día 6 de octubre de 1679, siendo otorgado en respuesta a las vejaciones aducidas por la aldea. Mediante este documento suplicaban al Rey y al Real Consejo de la Cámara que exima y saque de la jurisdicción y la haga villa.
A partir de la concesión de villazgo, que el Rey Carlos II aprobó el 14 de octubre del citado año, se le hacia villa con jurisdicción civil y criminal, alta y baja en primera instancia, con término propio. La naciente villa se desvinculaba, por tanto, de la jurisdicción de Mombeltrán. Los alcaldes ordinarios serían designados por el pueblo salvo la aprobación del Duque, y los pastos comunes quedaron en la forma establecida.
El Rey permitió que esta naciente villa levantará insignias jurisdiccionales, se realizó el deslinde y amojonamiento del término municipal con competencia en los actos de carácter jurídico y delictuales que ocurran dentro de este término, se procedió a verificación de los censos aportados y se otorgó la libre designación de los alcaldes ordinarios.
En conclusión, lo que logró Mijares fue, principalmente, una jurisdicción civil y criminal en primera instancia, un término municipal propio y control de cuanto ocurriera en él y se desligaron de la competencia de la villa de Mombeltrán. El consentimiento del Duque de Albuquerque, señor del Estado de Mombeltrán, fue un paso previo. El señor de la tierra de Mombeltrán no perdió nada con este proceso, manteniendo principalmente sus rentas, posesiones, etc. Por otra parte este expediente emancipador tenía un precio: 7.000 maravedís por vecino más otros costes (media annata, deslinde y amojonamiento, etc.). Estas cantidades se ingresaron en las maltrechas arcas reales. El monarca fue uno de los principales beneficiarios de este proceso. Este hecho, por tanto, endeudó a la naciente villa.
Además de Mijares, optaron por esta decisión varios pueblos del Valle dependientes del estado de Mombeltrán, por lo que varios años después, concretamente en el 1703, se firma el llamado “Pacto de la Concordia”, en el que se estipulan los derechos y obligaciones, las prestaciones y contraprestaciones de las villas de toda la zona. En lo que atañe a Mijares, desaparece casi por completo el régimen de aprovechamiento en común, exceptuando una parte del pinar, y se efectúa la delimitación del término municipal.
En ese mismo siglo, en el año 1792, reinando Carlos IV, se construyó el primitivo edificio del Ayuntamiento.
Éstos son, a grosso modo, los hechos que han marcado la historia de Mijares; en los sucesivos años la vida transcurrió intentando mejorar para ir adaptándose a las exigencias de los nuevos tiempos.
Mijares reparte sus fiestas desde el mes de marzo hasta el de septiembre. Comenzando por el segundo fin de semana del mes de marzo, en el que los quintos, como a la antigua usanza, realizan el sábado la hoguera tradicional y posteriormente se celebra baile para todo aquel que quiera asistir. Al día siguiente, domingo, despúes de acudir a misa, los familiares y amigos se dirigen a casa de los padres de los quintos para degustar las pastas y la limonada típicas del pueblo, y así celebrar la “entrada en quintas” de estos muchachos.
El día quince de mayo se celebra la festividad de San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, siendo honrado con solemne procesión y misa.
La fiesta más importante de nuestro calendario, la fiesta “grande”, es la de San Bartolomé, patrono de nuestro pueblo, el día 24 de agosto.
En torno a esta fecha se anteceden y suceden numerosos espectáculos, como son bailes con grupos musicales, fuegos artificiales, obras de teatro…
Al igual que los espectáculos se organizan distintas actividades que se realizan a lo largo de todo el mes: elecciones de reina y miss de fiestas, competiciones deportivas ?como la subida al Puerto? con premios, juegos tradicionales…, sin olvidar juegos y diversiones para los más pequeños.
Además, nunca falta la celebración de festivales taurinos.
Las que cierran el año son las fiestas en honor de la Virgen de la Sangre, cuya festividad se celebra el día 8 de septiembre.
El dia 7 por la tarde se traslada la imagen de la Virgen desde la ermita de la Sangre hasta la Iglesia, y descansa allí hasta el día siguiente, donde se la venera con una misa por la mañana y por la tarde se la traslada nuevamente a la ermita que existe en su honor.
En estos dos días se celebran, además de actos religiosos, baile con orquesta en la plaza de la villa.
Como nota característica este año 2002 se ha relizado un concurso de engalanamiento de calles, siendo la calle Larga la ganadora por su original representación del antiguo Mijares, mostrando en plena calle los oficios de antaño, la decoración de las casas…


















Fuente: http://www.pueblos.net/mijares/fiest.htm